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TEORÍA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA

Acción Comunicativa 

El concepto de acción comunicativa es una de las bases que estableció el filósofo alemán Jürgen Habermaspara estructurar su teoría crítica de la modernidad.

Habermas observa cómo la interacción social del ser humano pasa de estar basada en ritos y en lo sagrado a la potencia del signo lingüístico con la fuerza racional de las verdades sometidas a crítica. Las estructuras de acción comunicativa orientadas a un acuerdo se vuelven cada vez más efectivas tanto en la reproducción cultural como en la interacción social o en la formación de la personalidad.

Jürgen Habermas

Jürgen Habermas, el filósofo ilustrado | Público

Biografía

Primeros años

Jürgen Habermas nació en Düsseldorf, Alemania, el 18 de junio de 1929, en el seno de una familia protestante. Su abuelo fue el director del seminario de Gummersbach, el pueblo en el que vivía la familia. Su padre, Ernst Habermas, fue director ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio de Colonia y, de acuerdo con el propio Jürgen, era un simpatizante nazi. Seguiría residiendo en Gummersbach hasta graduarse en el gymnasium (liceo alemán).

Su infancia fue dura, dado que desde el nacimiento tuvo que lidiar con tener el paladar hendido, que le hizo difícil hablar, motivo por el cual los otros niños mostraban rechazo. Si bien recibió en dos ocasiones cirugía correctiva, este defecto le marcaría, haciéndole reflexionar sobre la importancia de la comunicación ya desde muy pequeño. Además de esto, en su infancia y adolescencia sería testigo de los cambios sociales en Alemania, tiempos en los que el partido nazi tomaría el control de la sociedad alemana.

Formación universitaria y Escuela de Frankfurt

Pero los tiempos duros pasaron y, tras la Segunda Guerra Mundial, Habermas pudo estudiar en las universidades de Gotinga (1949-1950), Zürich (1950-1951) y Bonn (1951-1954). En todas ellas aprendería sobre historia, psicología, literatura alemana, economía y filosofía, obteniendo el doctorado en esta última disciplina en 1954. Presentaría su disertación “Das Absolute und die Geschichte. Von der Zwiespältigkeit in Schellings Denken” (El Absoluto y la historia: De las discrepancias en el pensamiento de Schelling).

En el año 1953 publicó su primer artículo, una crítica a la obra de Heidegger “Introducción a la metafísica”, que tituló “Mit Heidegger gegen Heidegger denken” (Pensar con Heidegger contra Heidegger), siendo especialmente duro contra la postura de Heidegger sobre el nacionalismo. Durante los años siguientes publicaría también otros artículos de prensa.

En 1955 fue invitado por Theodor Adorno para formar parte del reinaugurado Instituto para la Investigación Social en Frankfurt. Ahí entraría en contacto con la investigación social empírica, reorientando sus estudios hacia una teoría crítica de la sociedad y codeándose con la Escuela de Frankfurt.

Desde entonces hasta el año 1959 fue ayudante de Adorno y, con el paso del tiempo se convertiría en  el principal representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, y convirtiéndose en una destacada figura de la “teoría crítica”, corriente filosófica defendida por esta escuela. Esta corriente fascinaría a las juventudes de los movimientos estudiantiles de los años sesenta.

Años de docencia

Entre 1964 y 1971 ejerció como catedrático en la Universidad de Frankfurt, y sería en ese período, concretamente en el 1968 que conseguiría un gran interés y proyección internacional gracias a la publicación de su libro “Conocimiento e interés”

Después de su cátedra en Frankfurt ejerció como profesor de filosofía en Heidelberg. Entre los años 1971 y 1980 fue director del Instituto Max Planck en Stamberg. En 1983 consiguió la cátedra de Filosofía y Sociología en la Universidad Goethe de Frankfurt, universidad en la que permanecería hasta su jubilación en 1994 y pasando a tener reconocimiento como profesor emérito.

Hasta el día de hoy Habermas sigue muy activo como docente, dado que tiene la titulación de “Permanent Visiting Professor” en la Northwestern University (Evanston, Illinois) y la “Theodor Heuss Professor” de The New School (Nueva York). También se le conceden numerosas entrevistas y, aun teniendo 91 años recién cumplidos, no deja de intervenir sobre numerosos aspectos de la filosofía del siglo XXI. 

Reconocimientos

En 1986 recibió el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz de la Deutsche Forschungsgemeinschaft, la máxima distinción ofrecida en territorio alemán en la investigación. En 2001 recibió el prestigioso Premio de la Paz de los Libreros Alemanes y, en 2003, tuvo el honor de recibir el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Más tarde recibió el Premio Holberg por sus contribuciones a la filosofía y la sociología.

Es doctor honoris causa en varias universidades a nivel internacional, entre ellas la de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Northwestern University Evanston, Utrecht, Tel Aviv, Atenas y la New School for Social Research de Nueva York. Además, tiene el privilegio de formar parte como miembro de la Academia Alemana de la Lengua y Poesía.

Pensamiento filosófico de Habermas. Origen de la Teoría. 

LA ACCIÓN COMUNICATIVA EN LA PERSPECTIVA HABERMAS-PASCUALI-PAOLI – VOC

Uno de los hechos significativos dentro de la producción teórico-analítica de Habermas se expresa en la influencia del pensamiento de Karl Marx, sobre todo a partir de la pretensión de establecer una teoría empírica de la evolución de la sociedad. En este sentido, comenzó adoptando la noción de praxis, que define la acción o práctica fundamental por la cual el ser humano accede o se realiza en el mundo, con la pretensión de reformularla al considerarla reduccionista en el caso marxista, debido a que sólo consideraba al trabajo, lo que le daba un sesgo tecnicista asociado a la preeminencia de la racionalidad instrumental. 

Según Habermas, esto denotaba una carencia de otra dimensión fundamental de la praxis humana: la acción comunicativa y sus efectos simbólicos. Por ello, si bien su pensamiento se origina con la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, este es un elemento distintivo que lo distancia de autores como Adorno y Horkheimer, y que proyecta su visión hacia una teoría social sobre las dinámicas del capitalismo avanzado.

En esta nueva praxis que entiende Habermas, están los cimientos de su propia teoría de la acción comunicativa, ya que este principio le permitió integrar la filosofía del lenguaje con la explicación sociológica en una teoría crítica del capitalismo moderno. Siguiendo esta línea, su primer gran análisis se vio expresado en la obra “Historia de la Opinión Pública”, en donde sienta las bases del concepto de “esfera pública” y da cuenta de sus grandes transformaciones estructurales en la época moderna desde el ideario planteado en la ilustración, logrando establecer una nueva visión explicativa de este fenómeno expresada entre la existencia de dos espacios de opinión pública: el manipulado y el crítico. 

Posteriormente, en su obra “Teoría y práctica; Teoría y praxis. Estudios de filosofía social”, Habermas retoma su preocupación por la interacción social mediada por el lenguaje como una dimensión constitutiva de la praxis humana, no solamente como una acción fundamental, sino que además, se propone argumentar porqué en este tipo de acción reside el verdadero cambio social, no como en el Marxismo en donde éste venía desde el trabajo. A diferencia de autores como Adorno, Horkheimer y Gramsci, Habermas planteó que este tipo de cambio debía darse en un ámbito simbólico, en un ámbito comunicativo de interacción y entendimiento entre los sujetos. 

En este contexto, en 1981 va a publicar su gran obra, “La teoría de la acción comunicativa”, dos tomos en donde se propone analizar la racionalidad de la acción, la racionalización social y una crítica a la razón funcionalista, intentando explicar su concepción sobre el conocimiento del sujeto y sus dinámicas de interacción en la conformación de la sociedad a partir de una teoría comprehensiva integradora de las dinámicas subjetivas a partir de la noción del “mundo de la vida”, y de la comunicación desde la noción de “sistemas”. 

Finalmente, cabe señalar que esta obra es la base de sus análisis y reflexiones posteriores sobre la ética, la democracia deliberativa y la consolidación del Estado en la sociedad moderna. Asimismo, de importantes y reconocidos trabajos posteriores como “Facticidad y Validez” respecto de los usos del conocimiento en la interacción social.

Definición de la Teoría de la Acción Comunicativa

El concepto de acción comunicativa es una de las bases que estableció Habermas para estructurar su teoría crítica de la modernidad.

Habermas observa cómo la interacción social del ser humano pasa de estar basada en ritos y en lo sagrado a la potencia del signo lingüístico, con la fuerza racional de las verdades sometidas a crítica. Las estructuras de acción comunicativa orientadas a un acuerdo se vuelven cada vez más efectivas tanto en la reproducción cultural como en la interacción social o en la formación de la personalidad.

Siguiendo a Humboldt, que establecía al lenguaje como configurador del pensamiento, Habermas opina que no hay mente, ni actividad intelectual sin un lenguaje previo. Si todo ser humano nació en una comunidad lingüística, el lenguaje es, paradójicamente, anterior éste, todo el que quiso decir algo ya tuvo que suponerlo. Habermas admite esta independencia del lenguaje y elabora su teoría filosófica a partir de lo que él llama los supuestos universales del habla: aquellos supuestos que debe considerar cualquier hablante antes de emitir palabra, porque son “mandatos” del lenguaje. Estos supuestos son ciertos en cualquier lengua, por tanto universales. Un hablante no puede dejar de pretender, si es que quiere alcanzar un consenso comunicativamente debe tener lo siguiente:

  1. Inteligibilidad para lo que se dice. La comunicación resulta imposible si lo que se dice es incomprensible para los demás. 
  2. Verdad para aquello que se dice. Para el contenido de lo que se dice en relación con lo objetivo (si digo “esta mesa es verde” debe ser verde) o para las condiciones de existencia de lo que se dice (si digo: “cierra la puerta” se presupone que la puerta estaba abierta). 
  3. Rectitud para su acto de habla en relación con un contexto normativo. Esto significaría lo siguiente: todo hablante se atiene a un conjunto de normas aceptadas por todos. Si dice “usted se calla” es porque debe estar autorizado a decirlo. 
  4. Veracidad para su formulación como expresión de su pensamiento. Lo que dice debe ser lo que cree o piensa; si miente, la comunicación se rompe.

Estos cuatro supuestos: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad, son los que forman la base de validez del habla. Para Habermas, el uso primario del lenguaje sería el orientar su empleo al entendimiento. El lenguaje busca ayudarnos a comunicarnos, y para poder comunicarnos son precisos esos cuatro supuestos, y el lenguaje nos “obliga” a cumplirlos. Los otros usos del lenguaje son parasitarios de este uso ideal. Podemos usar el lenguaje para engañar, estafar, manipular, etc., pero el que miente debe hacer creer a los demás que opera bajo el supuesto de veracidad si quiere conseguir su objetivo, el que dice cosas incongruentes debe convencernos de que no está loco, y que lo que dice responde a la realidad, el que violenta y problematiza las normas pone en cuestión el presupuesto de rectitud, etc.

La comunicación real está llena de problemas que impiden estas condiciones ideales del habla. Existen todo tipo de patologías en la comunicación humana, pero esto no excluye la necesidad de un modelo de comunicación ideal como referencia, el modelo que el uso correcto del lenguaje exigiría. Cuando existen perturbaciones en la comunicación todos tenemos conciencia de que el proceso comunicador está pisando sobre supuestos no admitidos, de que existe una anomalía. Las expectativas de normalidad quedan desmentidas si lo que dices es falso, o no eres quién para decírmelo, o mientes, o no te entiendo, y se produce violencia cuando no se consigue restablecer la comunicación.

En este punto, cuando no funcionan las bases de validez del habla y se interrumpe el proceso comunicativo, es cuando para Habermas se hace necesario lo que él llama el discurso: una forma reflexiva de interacción que se esfuerza en recomponer la comunicación. Si los supuestos admitidos no son sólidos, hay que buscar un consenso en una discusión, que sea tal, que garantice la simetría y la igualdad de oportunidades para los hablantes y donde se puedan aducir los mejores argumentos.

Con esto quiere decir lo siguiente: cuando se produce una situación de incomunicación y, por tanto, de violencia más o menos encubierta, los hablantes deben crear una situación ideal de habla en la que cada hablante se olvida de las diferencias de poder, sexo, edad, etc., y de las normas compartidas, ya que la violencia reinante las ha puesto en duda, y deben tener así igualdad de oportunidades para expresar los mejores argumentos que posean para defender su postura. El consenso se produce sobre la base de la coacción del mejor argumento: si me dejo convencer es porque pretendo que las razones en las que se asienta mi convicción son igualmente convincentes para cualquier hablante. El ideal de la razón está inscrito en la interacción lingüística, la alternativa al diálogo no es otra que la sinrazón y la violencia.

Para Habermas, la comunicación lleva inscrita en su piel la promesa de resolver con razones las perturbaciones. Quien habla pisa una dimensión en la que aparecen claros los conceptos verdad/mentira, justicia e injusticia. El lenguaje nos da la posibilidad de consensuar normas de comportamiento y de propiciar, por tanto, el progreso histórico. Habermas da un nuevo sentido a la frase de Aristóteles: “el hombre, porque habla, sabe de lo justo y de lo injusto”. Sobre el lenguaje, Habermas establece la posibilidad de crear una ética, una política y una teoría consensual de la verdad.

Por todo ello, Habermas establece diferentes tipos de acción en los que interviene la comunicación. De un lado, distingue entre las acciones que se llevan a cabo en un contexto social y las que lo hacen en uno no social. Por otro lado, en función del objetivo que tiene la acción, Habermas establece otro criterio de clasificación. Así establece tres tipos de acción: 1.En aquellos casos en que la acción está orientada al éxito en un contexto no social, habla de acción instrumental. 2.Cuando la acción se realiza orientada al éxito pero en un contexto social, lo denomina acción estratégica. 3.Finalmente, en aquellos contextos sociales en que el objetivo es la comprensión mutua es cuando, según Habermas, aparece la acción comunicativa.

La comunicación efectiva como herramienta fundamental para el desarrollo |  by ASEA | Medium

Acción Comunicativa y el "Mundo de la Vida"

Habermas llama “mundo de vida” a un horizonte de aceptación de contextos intersubjetivamente compartidos — convicciones estables— resultado de la acción comunicativa o producto histórico de los esfuerzos de interpretación de generaciones pasadas. El mundo de la vida constituye la fuente del saber, orientado intuitivamente en la confianza de que la corriente de comunicación del proceso de comunicación social puede desarrollarse sin peligro de interrupción: Los sujetos de acción comunicativa se entienden constantemente en el horizonte de un mundo de vida. Su mundo de vida se erige a partir de convicciones de contexto no problemáticas más o menos difusas. Este contexto del mundo de la vida sirve o funciona como fuente de definición de situaciones que se establecerán a problemáticas por parte de los partícipes. El mundo de la vida almacena el trabajo de interpretación hecho de generaciones pasadas; es el contrapeso conservador contra el riesgo del disenso que surge en la actualización de cada proceso de entendimiento.

Pero esta idea de “mundo de la  vida” como concepto fundamental de su Teoría de la Acción Comunicativa se diferencia de su forma de aplicación fenomenològica. Habermas parte del hecho de que cada acto de entendimiento lingüístico se mueve constantemente en el ámbito de situaciones de definición intersubjetivamente reconocidas, pero el horizonte original que precisamente este concepto abre, reside en que el conjunto de experiencias de contexto socialmente constituidas se encuentra, en la modernidad, cada vez menos asegurado por la tradición y sí en contradicción con la tendencia a la expansión mercantil, que implica la destrucción de culturas tradicionales para su incorporación al desarrollo. 

Para Habermas, por ahora, el horizonte de las convicciones y de los valores intersubjetivamente compartidos conforman el contexto de todo proceso de comunicación cotidiano, el ámbito central de lo social. Las sociedades se reproducen a través de un proceso en el que sus partícipes interpretan la actividad de las generaciones pasadas y transmiten intersubjetivamente las orientaciones de valor acumuladas del mundo de vida. Este proceso de reproducción “simbólica” de la sociedad, según Habermas, se mueve en tres dimensiones:

    a) La transmisión cultural (cultura);

    b) La integración social (sociedad), y

    c) La socialización individual (personalidad).

La práctica de estas convicciones, que son contextúales y colectivas a la vez, de parte de los integrantes de una sociedad no se realiza de manera inmediata, sino que está sujeta a un proceso de aprendizaje colectivo o de conocimiento del mundo de vida.

Grafico De Teoria De Habermas

Fundamentos de la Acción Comunicativa

Para Habermas la acción comunicativa tiene que ver con una determinada concepción de lenguaje y entendimiento: “el concepto de acción comunicativa desarrolla la intuición de que al lenguaje le es inmanente el telos del entendimiento”. Por ello, se propone articularlos como un aspecto central en los aspectos prácticoformales de la teoría de la acción comunicativa con la pretensión de desarrollar una teoría del significado: “En el lenguaje, la dimensión del significado y la dimensión de la validez están internamente unidas la una con la otra”. Es decir, una teoría que permitiera identificar grados de acuerdo según el reconocimiento intersubjetivo de validez de una emisión susceptible de crítica.

El autor señala que las cuestiones de significado no pueden separarse del todo de las cuestiones de validez. A través de este supuesto señala que lo básico de la teoría del significado es saber qué es lo que se quiere decir o, en otras palabras, cómo entender el significado de una expresión lingüística y bajo cuáles contextos esa expresión puede ser aceptada como válida. Esto es relevante en el sentido de entender el significado de una expresión lingüística en términos de su uso. Bajo esta perspectiva es posible señalar que existe en las emisiones lingüísticas una orientación de validez, la cual pertenece a las condiciones pragmáticas, ya no sólo al entendimiento, sino que a la propia comprensión del lenguaje. En este sentido, en el lenguaje posee una dimensión del significado y una dimensión de la validez que están íntimamente unidas unas con otras.

Habermas introduce a la semántica veritativa para ratificar la idea sobre la oración asertórica que es cuando la oración es verdadera. Según esta teoría la problemática de la validez se sitúa exclusivamente en la relación del lenguaje con el mundo como totalidad de hechos. Entonces como validez se equipara a la verdad de los enunciados, la conexión entre significado y validez de las exposiciones lingüísticas sólo se establece en el habla constatadora de los hechos (siendo la función expositiva sólo una de las tres funciones co-originarias del lenguaje). Hay tres planteamientos de la teoría de la comunicación que parten de una de las tres dimensiones del significado, están la semántica intencionalista, la semántica formal y la pragmática, inaugurada por Wittgenstein y que se refiere en última instancia todo los plexos de interacción en que se ha crecido, en los que las expresiones lingüísticas cumplen funciones prácticas, explorando el significado desde su uso en las interacciones. 

Habermas cree que la determinación unidimensional de validez que exploran cada uno de estos tres planteamientos, como cumplimiento de condiciones de verdad proposicional, quedaría aún la teoría del significado prisionera del cognitivismo de la semántica veritativa, y dice además, que es este punto el que hay que subsanar porque todas las funciones del lenguaje y no tan sólo la expositiva llevan consigo las pretensiones de validez. Todo acto de habla (considerado en conjunto) dice Habermas, puede ser criticado como no verdadero en lo que concierne al enunciado hecho, como no correcto en lo que concierne a los contextos normativos vigentes, y como no veraz en lo que concierne a la intención del hablante. 

A partir de esto Habermas explica, las consecuencias que tocan en cuanto a las cosas básicas de la teoría del significado: ya no hay que definir a la pretensión de verdad semántica, ni siquiera sólo desde la perspectiva del hablante. Las pretensiones de validez constituyen un punto de convergencia del reconocimiento intersubjetivo por todos los participantes. Por tanto éstas cumplen un papel pragmático en la dinámica que representan todas las ofertas contenidas en los actos de habla y toma de posturas de afirmación o negación por parte de los destinatarios. Este es el giro pragmático de la semántica veritativa y exige una revaluación de la "fuerza ilocucionaria‟. 

Así, este componente ilocusionario se “convierte en sede de una racionalidad que se presenta como una conexión estructural entre condiciones de validez referidas a ella y las razones para el desempeño discursivo de tales pretensiones. Ahora, las pretensiones de validez ya no quedan anejas al contenido proposicional y surge el espacio para la introducción de otras pretensiones de validez que no se dirigen a condiciones de verdad, esto quiere decir que no están cortadas al talle de la relación entre lenguaje y mundo objetivo”.

Un hablante, al asumir con su pretensión de validez susceptible de crítica la garantía de aducir razones que avalen la validez del acto del habla, así como el oyente que conoce las condiciones de aceptabilidad entiende lo dicho, debe tomar una postura racionalmente motivada. Si reconoce la pretensión de validez acepta la oferta que el acto de habla comporta y asume la parte que le toca de obligaciones relevantes para el posterior uso de la interacción.

Lo anterior puede ser comprendido a través del siguiente ejemplo:

Dos niñas van a una fiesta y una le pide una falda a la otra. Para que una le preste una falta a la otra tiene que aceptar la oferta de las tres pretensiones de validez que ella aduce, y que son susceptibles de crítica, que tiene que ver incluso con la propia compresión del lenguaje en que la niña le hable.

    Niña Q: Debes prestarme una falda

    Niña P: ¿Por qué debo hacerlo?

    Niña Q: Porque te lo dijo tu mamá.

    Niña P: Si es cierto, tómala de mi ropero.

En este caso Niña P, acepta las tres pretensiones de validez, ya que es verdadera, recta y veraz, pues ella efectivamente tenía una falda y debía prestarla, pues su mamá se lo había dicho y esto era sincero, pues ella lo sabía también. Todo esto fue entendido, y aceptado por la niña P. Este ejemplo demuestra la estrecha relación entre significado y validez.

La Teoría de la Acción Social: Acción Comunicativa vs Acción Estratégica

Para Habermas la sociología debe interesarse en primer lugar por la acción social o interacción, o bien por la coordinación de la acción por parte de, al menos, dos agentes. Una teoría de la acción social debe indicar aquellas condiciones que permiten que Alter pueda conectar sus acciones a las acciones de Ego. En cierto sentido, la teoría de la acción social habermasiana se presenta como una teoría de los mecanismos de coordinación de la acción de más agentes, ubicando como centro de atención el problema referente a cómo pueden coordinarse entre sí los niveles de acción de más actores. Este problema de la coordinación de las acciones se presenta en todos aquellos casos en los que un actor sólo puede realizar el propio nivel de acción con la ayuda de la acción (o de la omisión) de por lo menos un segundo actor. Dependiendo de cómo los niveles y las acciones de Alter se «enganchen» a los niveles y las acciones de Ego, se diseñan dos tipos de interacción mediada lingüísticamente que Habermas denomina acción comunicativa y acción estratégica.

En el caso de la acción comunicativa todos los participantes persiguen sin reservas los propios fines ilocucionarios para alcanzar un entendimiento que constituye la base para una coordinación unánime de los proyectos de acción perseguidos una y otra vez de forma individual. Por lo que respecta a la acción estratégica (manifiesta), los participantes, sin embargo, persiguen los propios objetivos utilizando el lenguaje como medio de información e influencia, y no de entendimiento. En el primer caso el entendimiento funciona como mecanismo de coordinación, y el lenguaje natural aparece como "fuente de integración social". En el segundo caso el mecanismo de coordinación es la influencia, y el lenguaje natural tan sólo aparece como medio para la transmisión de informaciones.

En la teoría de la acción comunicativa, Habermas ha revisado la forma de diferenciar conceptualmente estos dos tipos de interacción, aunque, claro está, sin modificar su significado. Los conceptos dicotómicos de acción comunicativa y acción estratégica son cercenados a partir de la diferente configuración del nexo hablar-actuar, no apoyándose ya directamente en la distinción entre ilocucionarios y perlocucionarios. Esto requiere que los actos lingüísticos encaminados al entendimiento no se reduzcan a la acción teleológica. Actuar (en sentido estricto) y hablar (realizar actos lingüísticos) son concebidos como conceptos elementales por tres razones:

  1. Actuar y hablar presentan diferentes modalidades de interpretación y descripción: a diferencia de las acciones teleológicas en las que la comprensión requiere la explicación de la intención por parte del agente, los actos lingüísticos son auto-interpretados ya que al realizar un acto lingüísticos el hablante dice al mismo tiempo lo que hace (en el sentido de que el elemento ilocucionario explica cómo es entendido el acto, por ejemplo como afirmación o como advertencia o confesión); 
  2. En segundo lugar, Habermas observa que, aunque los dos tipos de acción pueden ser comprendidos como acciones orientadas a un fin, sin embargo cambia el sentido con el que se entienden. Los fines ilocucionarios del obrar lingüístico no pueden definirse independientemente de los medios lingüísticos del entendimiento (mientras que el fin de la acción teleológica puede ser determinado independientemente de los medios); el fin del entendimiento no puede ser causalmente producido, como en el caso del actuar teleológico, pero puede conseguirse sólo a través de la cooperación no forzosa de un destinatario; más allá de ello, diversamente de las acciones teleológicas, las acciones lingüísticas se dirigen hacia fines ilocucionarios que no tienen el estatuto de un fin a realizar en el mundo; 
  3. En tercer lugar, estos dos tipos de acciones presentan criterios diferentes para establecer la consecución de un éxito, o bien satisfacen diversas condiciones de racionalidad (racionalidad orientada al objetivo versus racionalidad de los procesos de entendimiento). Tras haber señalado que los conceptos actuar y hablar son conceptos elementales diferentes, Habermas introduce el concepto de interacción (lingüísticamente mediada) como un "concepto complejo" dado por su conexión. La modalidad de esta conexión permite distinguir entre acción comunicativa y acción estratégica. El actuar (en sentido estricto) y el realizar actos lingüísticos "se presentan en constelaciones diferentes, en función de que las fuerzas ilocucionañas de los actos lingüísticos asuman las funciones de coordinación de la acción o, por el contrario, las acciones lingüísticas estén subordinadas a la dinámica extralingüística de los influjos ejercidos por actores que actúan los unos sobre los otros en atención de un objetivo, para el que las energías de integración específicamente lingüísticas son inútiles". 
Tras aclarar, mediante el análisis pragmático-formal, los conceptos de entendimiento y de uso lingüístico orientado al entendimiento, Habermas presenta la acción comunicativa como aquella interacción donde los actores se confían a las potencialidades de integración presentes en el lenguaje, o bien al efecto de vínculo ilocucionario que sigue a la consecución del entendimiento.

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

Garrido, L. (s/f). Habermas y la Teoría de la Acción Comunicativa. Revista Razón y Palabra. [Revista en Línea]. Consultado el 29 de septiembre de 2020 en: http://www.razonypalabra.org.mx  

Herrera, M. (2003). Lenguaje y Accion en la Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época). [Revista en Línea], 121. Consultado el 29 de septiembre de 2020 en: http://www.es.scribd.com  

Montagud, N.(s/f). Jürgen Habermas: biografía de este filósofo alemán. [Página web en línea].Disponible en: https://www.psicologiaymente.com 

Solares, B. (1996). La Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas: tres complejos temáticos. Revista Mexicana de Estudios Políticos y Sociales. [Revista en Línea], 41(163). Consultado el 29 de septiembre de 2020 en: http://www.revistas.unam.mx

(s/a) Acción Comunicativa. [Página web en línea]. Disponible en: https://es.wikipedia.org

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